Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracia por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador (1 Timoteo 2:1-3).
En el mes de la patria, como pastores evangélicos conscientes de nuestra ciudadanía y como parte de los ciudadanos de a pie de nuestro país, reconociendo que el Dios de la Vida y de la Justicia nos exige orar por el Cesar, pero no al Cesar, expresamos públicamente nuestras preocupaciones pastorales sobre los siguientes asuntos de la vida nacional:
1. La igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos no es un favor que las autoridades políticas otorgan a los peruanos y peruanas. Es un derecho constitucional que quienes fueron elegidos por el voto de los electores están obligados a cumplir y a hacer cumplir, sin distingos de ninguna naturaleza ni discriminación social, cultural, política o religiosa alguna.
2. La escandalosa situación de pobreza en la que se encuentran postrados miles de ciudadanos y ciudadanas, no es un simple asunto técnico, limitado a mostrar fríos cuadros estadísticos para ilustrar las aparentes bondades de un determinado modelo económico. Es la expresión visible de una realidad de injusticia institucionalizada que condena a la muerte temprana a miles de niños y de familias indefensas. Hermanos nuestros que apenas sobreviven, porque la mano invisible del mercado, los expectora como masa sobrante de la voraz sociedad de consumo.
3. Los miembros de las comunidades andinas y de las comunidades amazónicas, cuyos antepasados poblaron durante siglos esos espacios geográficos abusivamente olvidados y postergados por el Estado, son ciudadanos plenos. Ellos tienen derechos históricos sobre la tierra que les vio nacer. Derechos que tienen que ser respetados por quienes, por la Constitución, están obligados a representarlos, a defenderlos, y a legislar para el bien común.
4. En una democracia de ciudadanos plenos el Estado tiene que ser neutral en materia religiosa. Un Estado verdaderamente laico, no confesional, no puede favorecer a ninguna confesión religiosa en particular ni buscar que las autoridades religiosas legitimen, justifiquen o avalen sus acciones políticas. Como tampoco las autoridades religiosas tienen que convertir sus lugares de culto en espacios de propaganda política partidaria o sus reuniones religiosas en expresiones de respaldo político velado o abierto a las autoridades temporales.
Es nuestra oración y esperanza que este nuevo aniversario patrio sea un tiempo de reflexión colectiva sobre la sociedad inclusiva que todos los peruanos y todas las peruanas estamos llamados a construir. Particularmente, para que nuestros hijos y nuestros nietos, puedan vivir dignamente en un Perú mejor que el actual.
Lima, julio del 2009
Consejo Directivo

CONEP
No hay comentarios:
Publicar un comentario